domingo, 31 de marzo de 2013

Capitulo 4: El instituto es diferente

Esos últimos cinco días habían sido los mejores de mi vida. Marcos era el chico perfecto. Amable, simpático, cariñoso, romántico. Mi despertador sonó, señalando que era las siete de la mañana y yo tenía que ir al instituto. Me levanté con los ánimos por los suelos, sin ganas de nada. Abrí mi armario y elegí mi ropa. Algo sencillo y cómodo. Después de vestirme, mi madre me llamó desde la cocina y mi hermano entró en mi cuarto gritando como un desesperado. Mi hermano no aprenderá nunca, antes de entrar hay que llamar a la puerta, pero ya estaba acostumbra y le pedí que se calmara. Me dijo que él me llevaría al instituto por precaución. Me pareció raro, ya que desde que se sacó el carnet, me lleva a todas partes, es una de las pocas cosas que me gustan de él. Bajé a desayunar y mientras mi madre me preparaba el bocadillo, mi hermano miraba la televisión con una tostada en la boca, dándome a entender que nunca cambiaría. Yo seguía viendo a ese niño enamorado de los teletubbies, que se levantaba antes que nadie para verlos.
Terminé de desayunar y salimos hacía el coche con mis dos maletas. Al entrar, mi móvil me aviso de que tenía un nuevo mensaje. Lo abrí y decía: Buenos días princesa, despierta ya anda, que te echo de menos. Sólo quiero que sepas que hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana. Ahora sal de tu cama a comerte el mundo con tu sonrisa que es preciosa, porque de comerte a ti me encargo yo. Te quiero, M. No podía ser más romántico. Suspiré al recordar que seguramente no lo vería durante toda la semana. Llegamos al instituto y Cristina salió disparada a los labios de Sergio. Me preguntó si el día que se cansen el uno del otro seguirán siendo amigos. Sara me abrazó con una sonrisa, más alegre de lo normal. Detrás de ella apareció un chico de ojos azules que me recodaban…Marcos. Era él. Me deshice de las dos maletas y me lancé a sus brazos. Me abrazó como quién abraza a un osito de peluche, con amor y delicadeza. Después del abrazo me besó tiernamente en los labios y me explicó que después de sus dos años en el instituto era la primera vez que me veía.
¿Marcos llevaba dos años en el instituto y yo no lo sabía? Definitivamente tengo que dejar de soñar despierta. Entramos en clase de lengua catalana y Marcos se sentó a mi lado. Pasamos la hora entera hablando de nosotros y al terminar la clase, él pidió permiso a la profesora para hablar. Se puso de pié y caminó junto a la mesa de está. Levantó la mirada y dijo: Miriam y yo somos novios y el anillo que lleva lo demuestra. Te quiero, princesa. Te juro que algún día lo mataré, a no ser que me maté antes él de vergüenza. Lo quiero tanto. 

viernes, 29 de marzo de 2013

Capitulo 3: Los mejores cuatro días de mi vida

Durante los cuatro siguientes días, quedé con Marcos cada uno de ellos. Él me hacía sentir especial. El primer día después de ese hermoso beso, me levanté y vi un mensaje sin leer en la pequeña pantalla de mi móvil: Miriam, quiero verte y saborear tus labios de nuevo. PD: ¿Quieres ir a tomar algo? No podía resistirme a él y en cuestión de segundo le contesté. Al final, después de siete mensajes, quedamos en una cafetería muy cercana a mi casa. Me vestí con unos pantalones azul marino y una camisa de rayas blancas y azules, que hacían conjunto con las zapatillas. Como que el viento soplaba fuerte, me puse mi abrigo y una bufanda. Al salir de mi casa, topé con mi hermano que volvía a casa. ¿A las diez de la mañana? Estaba feliz y sonreía como un tonto. Pensé que Cristina y él hicieron de las suyas. Opté por prepararle un café y después salí en busca de mi Marcos.
A las diez y cinco, estaba enfrente de la cafetería y Marcos aún no había llegado. Me senté en una silla de espaldas a la calle. De pronto, noté unas manos en mis hombros que me masajeaban y al girarme, unos labios que me daban los buenos días de la mejor forma posible. Marcos había llegado y con él, un beso y unas flores rojas. Estuvimos hablando sobre la noche anterior y yo me disculpe por haberle dejado con las ganas de hacer algo más, pero enseguida él me cogió la mano y me dijo que no me disculpará que la culpa era suya. No pude resistirme a sus labios y le besé. El segundo día fui a su casa. Era enorme, por un momento pensé que sus padres eran multimillonarios pero no, su padre había heredado la casa de su abuelo. Pasamos el día entero jugando como niños, pero estábamos enamorados. Son esas pequeñas cosas las que hacen que me enamoré de él. El tercer día vino a mi casa y Sergio le preguntó de todo, desde su comida preferida hasta que intenciones tenia conmigo. Mi hermano tenía esa característica que, seguramente, tienen todos los hermanos mayores, pero ya sabía que lo hacía para protegerme de cualquier hombre.
El cuarto día quedamos en la cafetería. Comimos cogidos de la mano, pero al rato me soltó. Lo mire con cara extrañada pensando mil cosas negativas sobre mí y mi físico. Marcos sacó de su abrigo una cajita de tela roja y me la entregó con una sonrisa. Cuando la tenía entre las manos, Marcos dijo: Espero que lo nuestro dure para siempre. Abrí la pequeña caja y dentro de ella había un anillo de plata con una cosa inscrita: M&M. Después de dos segundos de haber visto ese anillo, me lance a sus brazos para besarle entero. 

sábado, 23 de marzo de 2013

Capitulo 2: Un simple mensaje

Estuvimos toda la tarde hablando. Estudios,  ex relaciones, futuro… Marcos parecía un ligón profesional, pero en realidad nunca había estado con una chica. Me pregunté por un momento si yo podía ser esa primera chica, el primer amor, el que no se olvida. Me pasó su número de teléfono y yo sonreí al tener la oportunidad en mis manos. Sabía que todas las relaciones empezaban con una conversación inocente, palabras cariñosas y algún que otro comentario fuera de lugar. Lo agregue sin problemas a mi móvil y le abrí conversación para que guardare mi teléfono. Cuando tubo guardado mi número y me cogió de la mano. Yo no sabía que pensar en ese momento, ¿me iba a besar? No creo, hacia solo horas que nos conocíamos.
Pero mis pensamientos se diluyeron al ver que empezaba a caminar hacia la pequeña tienda donde las personas pedían los patines. ¿Íbamos a patinar? ¿Delante de todo el mundo? De ninguna manera, aparte de que no sabía, no iba hacer el ridículo delante de él. Me pidió el número de mi calzado y yo, tímidamente, se lo dije, 37. Me miró y sonrió. Me pasó un par de patines y me hizo sentar en un banco de color azul. Me puse los patines pero mis piernas no respondían a mis órdenes. Marcos, que ya estaba dentro la pista, vino a buscarme. Que chico tan protector pensé. Me cogió de las dos manos y sin hacer fuerza me levantó del banco. Entramos a la pista y yo miraba al suelo, mientras Sergio se reía con Cristina. Los dos pasaron por mi lado y con una mirada Cris, me dijo que fuera a por él. No quería ser una chica lanzada pero era un ángel, lo quería para mí.
Iba deslizándome sobre el hielo, pero siempre cogía de su fuerte y protectora mano. Sara y Cristina, que ya estaban fuera de la pista me hicieron señales, diciéndome que se iban, yo asentí con la cabeza, pero al momento me di cuenta que no tenía nadie para que me llevara a casa. Mierda. Marcos me miró y mi pregunta fue contestada. Salimos de la pista y yo ya no podía con mi alma. Estaba agotada. Marcos con una sonrisa, me levantó en sus fuertes brazos y nos dirigimos al aparcamiento. Parecíamos una dulce pareja enamorada. Me llevó a mi casa, pero yo no quería que se fuese, quería probar esos labios. Miriam respira y relájate, me dijo mi subconsciente. Baje del coche, pero algo me lo impidió, era su mano. Me agarró el brazo y me hizo sentarme de nuevo. Sin que pudiera decir una palabra, mi pensamiento se cumplió. Me besó. Le cogí el pelo con las manos, jugando con él y Marcos me agarró de la cintura, y con un ligero movimiento me subió encima de sus piernas, pero me paré. Hacia horas que lo conocía, no podía llegar tan lejos en una sola noche.
Salí del coche y no mire hacia atrás, porque sabía que él era mi debilidad, mi dulce debilidad. Subí a mi cuarto y al llegar, mi móvil vibró. Un mensaje. Era de Marcos, decía: Miriam quiero ser el dueño de esos labios.
No podía dejar de leer ese mensaje. Ese simple mensaje hizo que me enamorara de él. 

martes, 19 de marzo de 2013

Capitulo 1: El encuentro


Estábamos en pleno enero y el frio hacía notar su presencia. Dentro de cinco días volvería al instituto, a la dura y aburrida rutina diaria. Hoy había quedado con mis amigas, Sara y Cristina, para ir al skáting de Barcelona.
Sara es una de mis mejores amigas. Es de estatura media y de pelo castaño con ojos color miel. Tiene una personalidad única; es muy divertida y juguetona para tener 18 años. Ahora está saliendo con Aaron, un chico mayor que ella. Cristina, en cambio, es alta y con una larga melena morena y rizada. Su actitud es bastante irregular; puede estar sonriendo y al momento, ponerse seria, pero la quiero. Ella está saliendo con un universitario y mi hermano mayor, Sergio.
Sara vino a buscarme en coche y Cristina espera sentada en el asiento trasero. Al subir al coche, me saludaron cariñosamente y se miraron entre sí. Las conozco desde hace más de cinco años y sé que traman algo, pero decidí olvidarlo. Al llegar a Barcelona, sonrieron entre ellas provocando que me ponga nerviosa. Entramos al skáting y Cristina gritó al ver a mi hermano sentado en el bar. Salió corriendo hacia él y a los dos segundos estaban besándose. Me encanta ver a mi mejor amiga y a mi hermano juntos. Sara y yo nos acercamos a la pareja. Sergio comentó que Aaron había ido a comprar bocadillos para comer y que Marcos estaba con él. ¿Marcos? ¿Quién es?
A los diez minutos, Aaron y Marcos llegaron. Son idénticos, parecen dos gotas de agua. Hacía mucho que no veía a Aaron, ha cambiado mucho, parece más mayor. El novio de Sara nos presentó a Marcos, su hermano menor. Ya decía yo que se parecían. En seguida Marcos y yo nos quedamos solos, porque las dos parejas han ido a patinar.
Marcos es un chico muy amable y simpático, por no negar que es muy guapo por sus ojos azules y su pelo negro como el carbón. Gracias a la fina camisa de lino que lleva, se le marcan los pectorales y con eso adivino que esta fuerte y le gusta el gimnasio.

Sinopsis

Mi nombre es Miriam. Soy una chica corriente de Barcelona. Alta y delgada con los ojos marrones y una larga cabellera rubia. Queda un mes para que cumpla 18 y nunca me he enamorado antes. Mis amigas, Sara y Cristina, me dicen que no me preocupe por esa tontería  pero claro, ellas ya tienen su vida perfecta con su novio perfecto. En fin, espero que pronto llegue mi príncipe azul.