Terminé de desayunar y
salimos hacía el coche con mis dos maletas. Al entrar, mi móvil me aviso de que
tenía un nuevo mensaje. Lo abrí y decía: Buenos
días princesa, despierta ya anda, que te echo de menos. Sólo quiero que sepas
que hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana. Ahora sal de tu cama a
comerte el mundo con tu sonrisa que es preciosa, porque de comerte a ti me
encargo yo. Te quiero, M. No podía ser más romántico. Suspiré al recordar
que seguramente no lo vería durante toda la semana. Llegamos al instituto y
Cristina salió disparada a los labios de Sergio. Me preguntó si el día que se
cansen el uno del otro seguirán siendo amigos. Sara me abrazó con una sonrisa,
más alegre de lo normal. Detrás de ella apareció un chico de ojos azules que me
recodaban…Marcos. Era él. Me deshice de las dos maletas y me lancé a sus
brazos. Me abrazó como quién abraza a un osito de peluche, con amor y
delicadeza. Después del abrazo me besó tiernamente en los labios y me explicó
que después de sus dos años en el instituto era la primera vez que me veía.
¿Marcos llevaba dos años
en el instituto y yo no lo sabía? Definitivamente tengo que dejar de soñar
despierta. Entramos en clase de lengua catalana y Marcos se sentó a mi lado.
Pasamos la hora entera hablando de nosotros y al terminar la clase, él pidió
permiso a la profesora para hablar. Se puso de pié y caminó junto a la mesa de
está. Levantó la mirada y dijo: Miriam y
yo somos novios y el anillo que lleva lo demuestra. Te quiero, princesa. Te
juro que algún día lo mataré, a no ser que me maté antes él de vergüenza. Lo
quiero tanto.