Me vendó los ojos con esa
venda azul y mi mundo oscureció. Sentí como me cogía por la cintura y me hacía
entrar en un coche. De fondo escuchaba a las chicas reír y la música de la
radio.
El coche de paró de un
momento a otro y Marcos salió de él. Rodeo el coche y abrió mi puerta. Cogió mi
mano y la estrechó, invitándome a salir del automóvil. Seguía escuchando ruidos
que provenían de todas partes, más lejos o más cerca, pero los escuchaba.
Entramos en una casa, que supuse que sería la mía. Al entrar, mis ojos
volvieron a la luz y vi a todos mis conocidos, amigos y familiares delante de mí.
Todos cantaron cumpleaños feliz, Miriam,
lo que provoco que mis lágrimas salieran de mí sin avisar. Empezaron las
felicitaciones personales, tanto mis familiares como mis amigas. Mi casa
parecía otra completamente. Llena de globos, serpentinas de colores, etc. y al
final de todo, había una gran pancarta con mi nombre y +18.
Mi cumpleaños fue el mejor
de todos y todo se lo debo a Marcos. Sin él, nunca habría probado la verdura,
ni el pescado, ni el deporte. Sin él, ahora mismo no estaría disfrutando de mi
fiesta por mi 18 aniversario.
Han pasado dos días desde
esa fiesta y aún me dura el dolor de cabeza. Marcos y yo hemos dado un paso más
en nuestra relación y cuando terminemos el instituto, nos iremos los dos a
vivir juntos e iremos a la universidad juntos, como pareja. ¡Qué bien suena! Me
pregunto si alguna vez me voy a cansar de verlo durante todo el día, pero eso
solo el tiempo lo dirá.
FIN