sábado, 23 de marzo de 2013

Capitulo 2: Un simple mensaje

Estuvimos toda la tarde hablando. Estudios,  ex relaciones, futuro… Marcos parecía un ligón profesional, pero en realidad nunca había estado con una chica. Me pregunté por un momento si yo podía ser esa primera chica, el primer amor, el que no se olvida. Me pasó su número de teléfono y yo sonreí al tener la oportunidad en mis manos. Sabía que todas las relaciones empezaban con una conversación inocente, palabras cariñosas y algún que otro comentario fuera de lugar. Lo agregue sin problemas a mi móvil y le abrí conversación para que guardare mi teléfono. Cuando tubo guardado mi número y me cogió de la mano. Yo no sabía que pensar en ese momento, ¿me iba a besar? No creo, hacia solo horas que nos conocíamos.
Pero mis pensamientos se diluyeron al ver que empezaba a caminar hacia la pequeña tienda donde las personas pedían los patines. ¿Íbamos a patinar? ¿Delante de todo el mundo? De ninguna manera, aparte de que no sabía, no iba hacer el ridículo delante de él. Me pidió el número de mi calzado y yo, tímidamente, se lo dije, 37. Me miró y sonrió. Me pasó un par de patines y me hizo sentar en un banco de color azul. Me puse los patines pero mis piernas no respondían a mis órdenes. Marcos, que ya estaba dentro la pista, vino a buscarme. Que chico tan protector pensé. Me cogió de las dos manos y sin hacer fuerza me levantó del banco. Entramos a la pista y yo miraba al suelo, mientras Sergio se reía con Cristina. Los dos pasaron por mi lado y con una mirada Cris, me dijo que fuera a por él. No quería ser una chica lanzada pero era un ángel, lo quería para mí.
Iba deslizándome sobre el hielo, pero siempre cogía de su fuerte y protectora mano. Sara y Cristina, que ya estaban fuera de la pista me hicieron señales, diciéndome que se iban, yo asentí con la cabeza, pero al momento me di cuenta que no tenía nadie para que me llevara a casa. Mierda. Marcos me miró y mi pregunta fue contestada. Salimos de la pista y yo ya no podía con mi alma. Estaba agotada. Marcos con una sonrisa, me levantó en sus fuertes brazos y nos dirigimos al aparcamiento. Parecíamos una dulce pareja enamorada. Me llevó a mi casa, pero yo no quería que se fuese, quería probar esos labios. Miriam respira y relájate, me dijo mi subconsciente. Baje del coche, pero algo me lo impidió, era su mano. Me agarró el brazo y me hizo sentarme de nuevo. Sin que pudiera decir una palabra, mi pensamiento se cumplió. Me besó. Le cogí el pelo con las manos, jugando con él y Marcos me agarró de la cintura, y con un ligero movimiento me subió encima de sus piernas, pero me paré. Hacia horas que lo conocía, no podía llegar tan lejos en una sola noche.
Salí del coche y no mire hacia atrás, porque sabía que él era mi debilidad, mi dulce debilidad. Subí a mi cuarto y al llegar, mi móvil vibró. Un mensaje. Era de Marcos, decía: Miriam quiero ser el dueño de esos labios.
No podía dejar de leer ese mensaje. Ese simple mensaje hizo que me enamorara de él. 

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