Pero mis pensamientos se
diluyeron al ver que empezaba a caminar hacia la pequeña tienda donde las
personas pedían los patines. ¿Íbamos a patinar? ¿Delante de todo el mundo? De
ninguna manera, aparte de que no sabía, no iba hacer el ridículo delante de él.
Me pidió el número de mi calzado y yo, tímidamente, se lo dije, 37. Me miró y
sonrió. Me pasó un par de patines y me hizo sentar en un banco de color azul. Me
puse los patines pero mis piernas no respondían a mis órdenes. Marcos, que ya
estaba dentro la pista, vino a buscarme. Que chico tan protector pensé. Me
cogió de las dos manos y sin hacer fuerza me levantó del banco. Entramos a la
pista y yo miraba al suelo, mientras Sergio se reía con Cristina. Los dos
pasaron por mi lado y con una mirada Cris, me dijo que fuera a por él. No quería
ser una chica lanzada pero era un ángel, lo quería para mí.
Iba deslizándome sobre el
hielo, pero siempre cogía de su fuerte y protectora mano. Sara y Cristina, que
ya estaban fuera de la pista me hicieron señales, diciéndome que se iban, yo
asentí con la cabeza, pero al momento me di cuenta que no tenía nadie para que
me llevara a casa. Mierda. Marcos me miró y mi pregunta fue contestada. Salimos
de la pista y yo ya no podía con mi alma. Estaba agotada. Marcos con una
sonrisa, me levantó en sus fuertes brazos y nos dirigimos al aparcamiento.
Parecíamos una dulce pareja enamorada. Me llevó a mi casa, pero yo no quería que
se fuese, quería probar esos labios. Miriam respira y relájate, me dijo mi subconsciente.
Baje del coche, pero algo me lo impidió, era su mano. Me agarró el brazo y me
hizo sentarme de nuevo. Sin que pudiera decir una palabra, mi pensamiento se
cumplió. Me besó. Le cogí el pelo con las manos, jugando con él y Marcos me
agarró de la cintura, y con un ligero movimiento me subió encima de sus
piernas, pero me paré. Hacia horas que lo conocía, no podía llegar tan lejos en
una sola noche.
Salí del coche y no mire
hacia atrás, porque sabía que él era mi debilidad, mi dulce debilidad. Subí a
mi cuarto y al llegar, mi móvil vibró. Un mensaje. Era de Marcos, decía: Miriam
quiero ser el dueño de esos labios.
No podía dejar de leer ese
mensaje. Ese simple mensaje hizo que me enamorara de él.
MEEE ENCANTA! *_*
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