Ahora sí que mañana le voy
a pegar. No tenía suficiente con la comida, ¿que ahora quiere que haga deporte?
En fin, como me digo, a la hora del recreo me acerqué al gimnasio y el equipo
femenino estaba entrenando, pero Sara y Ana estaban ahí. Pensé que sería para
decirles a las jugadoras que yo tendrían a una principiante, que no fueran
duras. Llegué allí, y María, la capitana del equipo, me presentó. Me explicó
los cuatro pasos y varias reglas simples. Después de cinco minutos, me cambié y
Marcos tenía razón, el uniforme me quedaba realmente bien. Empezamos a
jugar y pensé que se me daría peor. Veía
como Sara me hacía fotos y me guiñaba el ojo.
Terminamos de jugar y las
chicas, tanto las que jugaban como ellas dos, me felicitaron. Sara y Ana me
enseñaron las fotos, y como pensé se las habían enviado a Marcos. Una de sus
respuestas fue: “Ya le dije que el
uniforme le quedaría genial”.
Las clases terminaron, y
divisé a Marcos saliendo a toda prisa de su clase. Lo llamé dos veces y no me
escuchó. Lo llamé una tercera vez, se giró, pero solo me sonrió a lo lejos, en
la puerta de salida. Mañana le iba a dar su merecido.
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