La mejor semana de mi
vida, sin duda. Después de días sin verlas, Ana e Ingrid llegaron de sus
vacaciones. Las dos eran hermanas y sus padres millonarios. No era su amiga por
su dinero, sino porque con ellas el tiempo vuela y la alegría nunca se va.
Juntamente con Sara y Cris, éramos inseparables. La profesora de castellano nos
había bautizado como Las cinco margaritas
azules. Aún tengo que averiguar porque azules y no rosas o rojas.
Ana, la mayor de las dos,
era de pelo moreno con ojos azules que impactaban al verlos. Era la más
inteligente de todas y sus notas sobresalían de los limites. Ahora por ahora
estaba soltera, pero yo para no desanimarla le llamaba la soltera de oro. En
cambio, Ingrid era de pelo castaño claro con ojos verdes. Era de esas chicas
que se toman la vida con tranquilidad, sin pausas pero sin prisas. Para decirlo
de alguna forma, vivía su vida al momento. Al igual que su hermana, tampoco
había un chico en su vida, aunque creo que algún le gusta.
Volviendo a mi vida
escolar, Ana e Ingrid llegaron y con ellas se formaba el grupo. Como cada año
quedaríamos el fin de semana después de vacaciones. Este año iríamos a casa de
Cristina. Ana me miraba con sospechas, sabía que algo le estaba ocultando pero
no tardaría en descubrirlo.
La campana nos aviso de
que las clases habían terminado y para la sorpresa de las recién llegadas,
Marcos vino a despedirse con un beso. Ingrid se llevo las manos a la boca y
Anna no tenía palabras para decir nada. Les presenté a Marcos y las dos con una
sonrisa tonta, le saludaron. Aaron llego justo a tiempo para llevarse a Marcos
pero antes besó a Sara. Como siempre las preguntas llegaron y rece para que
Sergio estuviera fuera esperándome. Y por suerte lo estaba, Cris salió corriendo
a buscarlo y yo detrás. Pero sabía que el sábado no me libraría de las explicaciones.
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